[LNURadio] Diego Manusovich: Nuestro ADN fangoso

Esta pandemia nos pone a prueba todo el tiempo. En realidad, cualquier hecho social nos invita a tomar partido ayer, hoy y mañana.

En estas construcciones llamadas “libre mercado” o “capitalismo” todo lo que ocurre está sesgado por privilegios. Los que viajamos somos privilegiados, los que tenemos mejores coberturas de salud, acceso a los combustibles y al abrigo en invierno. Somos privilegiados los que tenemos medicamentos que nos cuidan y la heladera colmada de bendiciones. También los que tenemos acceso a libros, plataformas de películas y celulares modernos. Siempre fue así, algunos tenemos mucho más que la inmensa mayoría y eso habla de una sociedad fragmentada y piramidalmente injusta.

La desigualdad y las prerrogativas del poder son una de las tantas marcas de este sistema de convivencia. Hay quienes contratan a los mejores estudios contables para intentar pagar menos impuestos y otros que logran privilegios a la hora de acceder a las primeras vacunas salvadoras. El poder no es solo económico, es gozar de cierta impunidad, es el contacto vil para lograr un favor, es amañar a un poder judicial flexible, etc. Estas son algunas de las cientos de maniobras argentinas para sacar ventaja.

Cuando hablamos del subdesarrollo, justamente hablamos desde la impunidad de pasar un semáforo en rojo, hasta el comerciante que compra o vende en negro para estafar al fisco. Desde el médico que está entongado con el laboratorio que le paga el seminario en Punta Cana hasta el escribano que sub escritura un bien para engañar a las arcas públicas. Desde el policía que custodia un garito hasta el funcionario público corrupto que solo goza de impunidad porque aún no se han descubierto sus chanchullos. Pero por supuesto también son inmorales los políticos que ni bien asumen giran 180 grados para someter al pueblo a saqueos, endeudamientos y fugas.

Los argentinos debemos lidiar con toda esta impronta cloacal y también con la épica, la generosidad, la amistad y la militancia inquebrantable en un ADN revuelto y fangoso.

Entonces, no se trata de tener organizaciones inmaculadas con argentinos perfectos. En todos los rincones de la patria hay problemas con nuestros valores. Lo vital es depurarlas apartando a quienes practican flagrantemente ese disvalor. Las democracias caen cuando el propio sistema encubre a sus miembros tóxicos. La gente que se ha vacunado por fuera del turno formal de las plataformas de los Ministerios de Salud merece un repudio similar al resto de los actos mencionados. Muy pocos argentinos pueden tirar la piedra e irse a dormir la siesta en paz. El resto, seguimos luchando día a día por aprender a poner nuestra mejor parte.

Seguimos pensando.-

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